El crecimiento del bebé

En esta etapa (entre diez y doce meses de vida) se producen dos avances esenciales: elbebé comienza a caminar y a balbucear sus primeras palabras. Respecto de esto último conviene tener en cuenta dos normas importantes que beneficiarán al niño:

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1) No hablar en el mismo lenguaje del niño. Es decir, si el pequeño llama “coco” a las gallinas, los perros y los pájaros, papá y mamá deben decir gallina, perro y pájaro porque el niño entiende perfectamente lo que le están diciendo aunque él diga coco. Así, el niño aprenderá y progresará en el habla. Por otra parte, hablarle a un hijo de forma simple no significa hablar como un bebé, sino todo lo contrario. Las frases deben ser claras y el lenguaje no demasiado sofisticado, ya que los niños aprenden de los adultos.

2) Cuando el niño pide algo, esperar a que termine de decir lo que quiere, aunque se hayan comprendido sus demandas. Si no tiene tiempo de hablar porque los padres satisfacen sus deseos inmediatamente, tampoco aprenderá y seguirá señalando las cosas con el dedo en lugar de pedirlas.

Con respecto a caminar solo, el niño habitualmente lo hace alrededor del año, aunque no hay fechas fijas. Pero sin duda lo más importante para esos primeros pasitos es el estímulo. Aquellos que han gateado y no fueron incentivados a ponerse de pie, tardan más en caminar. Si el pequeño ha jugado y paseado, si se le permitió moverse con libertad (que patalee desnudo un tiempo antes de los cuatro meses, que haya recibido estímulos para pararse y moverse), aprovechará esa posibilidad para lanzarse a caminar solo. Pero si el niño paseó poco y a sus padres sólo les preocupa cuánto come, probablemente sea blandito, gordo y quieto, y es factible que no camine hasta los catorce meses.

En esta etapa el lenguaje y la marcha adquieren tal importancia que el niño se concentra en estas dos actividades. Y, desde el punto de vista afectivo, ambas, pero en especial caminar, significan el inicio del proceso de desprendimiento de los padres, de hacerse independiente, entrar en el mundo y explorarlo. Sin embargo, es en este período cuando los padres deben tener una actitud que marcará el futuro desarrollo de su hijo: comenzar a poner límites.

Cuando el niño tiene un año uno de sus entretenimientos favoritos consiste en tirar o arrojar por el aire los juguetes, así como romper todo lo que llegue a sus manos, juego peligroso ya que entre los objetos suelen encontrarse tazas, floreros, papeles importantes, etcétera. Además de no incentivar estos juegos, papá y mamá deben prohibirlos. Para evitar accidentes y represalias constantes, hay que darle al niño objetos que pueda romper o tirar y adaptar la decoración de la casa a la presencia del “nuevo caminante”.

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