Hacia una medicina vía digital

En la era de las comunicaciones, el mundo parece comprimirse cada vez más. Basta con levantar un teléfono o apretar un botón, para estar comunicado al instante o enviar papeles a cualquier lugar del mundo.

Medicina Digital

De esta manera, el hombre intercambia y participa del sistema de telecomunicaciones de manera cada vez más activa. Y la medicina no es la excepción en este nuevo universo tecnológico.

Así como a diario aparecen nuevos hallazgos médicos en el terreno de la farmacología y de los instrumentos de operación clínica, también han surgido otras numerosas variantes, algunas relacionadas con las comunicaciones; la medicina vía satélite es una de las más importantes en este sentido.

¿En qué consiste esta revolución médica? Pues en el envío de información, placas radiográficas, tomografías, preparados histopatológicos, estudios especializados y otros servicios que intentan cubrir la totalidad de los dominios de la medicina. Estas informaciones son esenciales para establecer un diagnóstico que prevenga eventuales problemas de salud. Este recurso tecnológico aplicado a la medicina no es sólo un lujo o una banalidad sino, más bien, todo lo contrario.Los pacientes que se ven imposibilitados de movilizarse por lesiones graves, o que se encuentran lejos de su lugar de origen (comerciantes internacionales, turistas, etc), muchas veces sufren inconvenientes de salud cuando están lejos de sus médicos de confianza.

Este método los ayuda a estar conectados con los especialistas más entendidos en su patología, ya sea a nivel personal o nivel profesional, ya que este método también es empleado con el fin de efectuar interconsultas médicas cuando no existe un diagnóstico certero de una enfermedad.

En los Estados Unidos, la medicina vía satélite fue puesta en funcionamiento en el año 1968 por un especialista llamado Kenneth Bird. A mediados de ese año, este hombre estableció un sistema de contacto audiovisual entre el Hospital General de Massachusetts y un centro médico distante. El experimento permitía a los enfermeros del centro módico transmitir datos como la presión arterial de un paciente y las imágenes microscópicas de un preparado sanguíneo.

También daba la posibilidad a los pacientes de dialogar con los médicos del hospital de Massachusetts. La experiencia era bien saludada por todos los médicos de ambos hospitales, salvo por los psiquiatras que afirmaban que este sistema videoscópico no recreaba el ambiente ideal para una consulta psiquiátrica. Pero esta reticencia no duró demasiado: a los pocos meses los psiquiatras comprendieron la prioridad de atender casos de urgencia y resignaron las oposiciones, que pasaron a un segundo plano, aunque no desaparecieron del todo.

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