Tratamiento de los esguinces de tobillo

Nadie duda de que un esguince representa un accidente traumatológico que no reviste el significado ni la gravedad de una fractura de hueso largo (como el fémur) o de las esenciales piezas que forman parte de la columna vertebral. Sin embargo, la existencia de este desgarro o estiramiento de los ligamentos que constituyen la articulación del tobillo puede ocasionar más de un inconveniente y requerir reposo con la asociada interrupción de actividades deportivas y hasta laborales.

Por este motivo, el diagnóstico precoz y la implementación de una terapia sencilla pero compuesta por diversas medidas, resultan elementos centrales para mejorar la situación. En una nota anterior hemos hecho referencia a la terapia RHCE (reposo, hielo, compresión y elevación). En general este tipo de medidas, siempre y cuando se adopten con premura y siguiendo las indicaciones médicas, suele resolver el cuadro del esguince de tobillo.

La rehabilitación y la prevención

Superado el episodio agudo, corresponde implementar estrategias tendientes a lograr una rehabilitación completa y a prevenir el desarrollo o aparición de ulteriores esguinces
A continuación del reposo (que deberá ser total o parcial, dependiendo de la gravedad de la lesión), los especialistas suelen sugerir que se utilice nuevamente el tobillo luego de 2 a 3 días de haberse producido la lesión. En ocasiones, puede requerirse la realización de ejercicios especialmente diseñados para reducir la posibilidad de recaídas y recuperar la fuerza de la zona.
También algunos traumatólogos recomiendan continuar con un soporte de la articulación durante un tiempo. Para ello, se requiere un vendaje o del empleo de una tobillera, con el propósito de protegerlo de futuras lesiones.
Estas recomendaciones son particularrmente importantes cuando se trata de personas que practican algún deporte o atletismo. En este último caso, el reintegro a la tarea de entrenamiento puede efectuarse luego de varias semanas, siempre en función del tipo de actividad y de la gravedad de la lesión que se produjo. Si no aparece dolor, es posible reiniciar el uso de la bicicleta o la práctica de natación, pero se deben evitar movimientos giratorios o de torsión del tobillo, durante un lapso de 2 a 3 semanas.
El empleo de una tobillera semirrígida, durante la práctica deportiva y a lo largo de 1 a 2 meses, constituye una medida preventiva fácil de llevar a cabo.

Otros recursos que se mencionan incluyen:

  • Empleo de zapatillas altas (hasta el tobillo) con cordones y con la envoltura del tobillo con un vendaje no elástico
  • Vendajes especiales (con cintas o ganchos de sujeción), o bien tobilleras de aire o de cordones.
  • Dejar de lado bandas o tobilleras elásticas porque no resultan de mucha utilidad debido a que el elástico cede muy rápidamente a nivel de la articulación y se produje una merma o pérdida de la función central de estos elementos.
  • Aunque parece y suele resultar tedioso, es conveniente practicar un plan de ejercicios para el tobillo. Éstos permitirán fortalecer la articulación, lo cual reduce los riesgos de padecer un nuevo esguince en dichas articulaciones.

En todo momento siga las pautas del especialista y deje de lado los intentos “domésticos” por resolver estas situaciones.

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